
Un plan socialista para el medioambiente tendría en su centro un programa de inversión de largo plazo en fuentes de energía renovable, llevando al reemplazo progresivo de las plantas de energía de petróleo, gas y carbón, y de las plantas de energía nuclear. Los trabajadores en esas industrias tendrán que ser reentre-nados y recapacitados para las diferentes tecnologías vinculadas con la generación de energía eólica, de mareas y solar.
Asimismo, la investigación y desarrollo de nuevas técnicas de generación de energía se incrementarán masivamente. Se trabajaría para mejorar la capacidad y eficiencia de tecnologías de energías renovables que actualmente están disponibles tales como células de hidrogeno. Los expertos adicionales para hacer esto podrían ser destinados desde la industria armamentista, un sector que rápidamente se vendrá abajo.
Se necesitará desplegar recursos significativos para limpiar el desastre heredado del capitalismo. En especial, los trabajadores de las industrias nucleares estarán atareados en la organización de la recomisión de plantas nucleares y desarrollando formas seguras de almacenar y neutralizar deshechos tóxicos.
Hábitos de consumo amistosos desde el punto de vista medioambiental pueden ser promovidos dando subsidios en áreas claves tales como el transporte público y el uso de materiales reciclables. En general, eco impuestos, que golpean más fuerte a los pobres, no deberían ser usadas salvo dirigidas a ciertos artículos de consumo de lujo intensivos en energía.
Para implementar este programa será necesario un plan medioambiental integrado el cual será efectivo solamente si las industrias de energía son nacionalizadas bajo el control y la gestión democrática de los trabajadores. La inversión requerida en investigación y desarrollo para una transformación ecológica también solo será efectiva si es parte de un plan integral. Tiene que estar ligado con otros aspectos tales como producción de energía y subsidios a los consumidores.
El proceso de planificación mismo implicaría la destinación de recursos de trabajo y materias para la producción de bienes y servicios para el beneficio de la sociedad como un todo, incluyendo el medioambiente, antes que producir ganancias para los capitalistas.
La planificación no sería primordialmente una cuestión técnica, su éxito dependería de la creación de cuerpos a través de los cuales la clase trabajadora pueda controlar democráticamente la producción desde los lugares de producción hacia arriba. El aspecto más importante será el control conciente por los trabajadores, sobre una base diaria, de las decisiones que configuran sus vidas.
La planificación operaría en tres niveles: nacional e internacionalmente; a nivel de la industria o sector y en los lugares de trabajo individuales. La planificación a nivel nacional e internacional será un área crucial para la sustentabilidad medioambiental.
Aquí la planificación involucrará la destinación directa de recursos destinados a mejoras que hayan sido democráticamente determinadas en todos los países, y acordadas internacionalmente. Esto sería imposible bajo el capitalismo debido a la amarga rivalidad entre los principales países imperialistas.
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